Los Médicos Veterinarios en Venezuela reconocemos un patrón estacional en enfermedades como el distemper y el parvovirus. La prevención, la vacunación y el manejo sanitario adecuado siguen siendo fundamentales para proteger a nuestros animales.
Por Alba Codutti, Médico Veterinario
La práctica clínica necesita memoria. Y hay cosas que, con los años, uno aprende a reconocer porque simplemente las vivió.
Quienes trabajamos en clínica de pequeños animales en Venezuela sabemos que, a comienzos del año y nuevamente hacia el último trimestre, empezamos a ver más casos de distemper (moquillo) y parvovirus.
Es algo que vemos en la consulta y que también comentan colegas en distintas ciudades del país. Y hay una frase que, inevitablemente, empieza a repetirse: “Jamás había visto tantos casos de moquillo, está desatado… ¿Cuántos has visto? dos, tres…”
Y ahí es donde entendemos algo importante. No se trata necesariamente de una cantidad extraordinaria en términos absolutos, sino de una concentración de casos en un período corto, que rompe la rutina. Cuando revisamos con más detalle, vemos que esos casos
están conectados en el tiempo, en la geografía o en los factores de exposición.
Y al mirar hacia atrás, ocurre algo aún más revelador. Revisamos publicaciones, conversaciones en chats. Y encontramos exactamente las mismas expresiones en años anteriores. Las mismas frases. La misma sorpresa. Y casi siempre, los mismos meses.
Estamos observando un comportamiento cíclico que forma parte de la dinámica de estos virus en nuestra población animal. Además, en los últimos años, hemos observado factores que contribuyen a facilitar esta transmisión. Uno de los más importantes es la ausencia de cuarentena adecuada cuando se adopta, compra o rescata un animal.
El trabajo de los grupos proteccionistas es invaluable, sin embargo, en la clínica observamos que muchos de los casos reportados provienen de animales recuperados de la calle y, en esos casos, la cuarentena y la evaluación médica previa no se cumplen con la rigurosidad que requiere una enfermedad infectocontagiosa. La cuarentena es obligante porque permite observar al animal, detectar signos tempranos y reducir el riesgo de exposición y transmisión. Hacerla en tiempos mayores a 14 días, es lo correcto.
Sabemos que el parvovirus, por ejemplo, es extraordinariamente resistente. Puede permanecer en el ambiente durante semanas. No necesita contacto directo para transmitirse. Basta con un entorno contaminado. Basta con el tránsito indirecto a través de superficies, objetos o zapatos. Establecer medidas de bioseguridad es vital.
El distemper, por su parte, aunque es muy lábil, es altamente infeccioso. Se transmite con facilidad entre animales susceptibles, especialmente aquellos que no han sido vacunados o no han completado su esquema. En condiciones adecuadas, puede propagarse rápidamente dentro de una población vulnerable, y al ser una enfermedad tan dura, causa mucha más alarma.
También es fundamental recordar que las vacunas son productos biológicos sensibles. Su efectividad depende de su correcta conservación dentro de la cadena de frío, de su adecuada manipulación y de una evaluación clínica previa realizada por un Médico Veterinario. Y aquí vemos el segundo factor de incidencia: vacunación deficiente. Esto se resalta en negritas y se incluyen comillas: “La vacunación es un acto médico que requiere criterio y responsabilidad”.
Otro elemento importante es el fortalecimiento del vínculo humano-animal. Hoy nuestros animales de compañía forman parte activa de nuestra vida diaria. Salen más, comparten más espacios y participan más en nuestras actividades. Esto refleja una evolución positiva en nuestra relación con ellos, pero también implica una mayor exposición, especialmente cuando no han completado su esquema de vacunación. La socialización temprana es fundamental para el desarrollo conductual saludable, y en eso coincidimos plenamente con los Médicos Veterinarios etólogos. Pero esa socialización debe realizarse de forma segura, en entornos controlados y con animales correctamente protegidos.
Hoy día los casos tienen mayor visibilidad. Las redes sociales han amplificado la percepción de estos eventos. Lo que antes se comentaba entre colegas ahora se comparte públicamente y esto puede ayudarnos a generar mayor conciencia, pero también puede provocar alarma entre los responsables de mascotas, por eso siempre debemos manejar la información desde la responsabilidad.
Como Médicos Veterinarios, nuestra labor trasciende el tratamiento de la enfermedad; nuestra premisa fundamental y ética debe ser, siempre, la prevención. En la coyuntura actual, nos corresponde —más que nunca— hacer un llamado responsable a la revisión de los esquemas de vacunación, al respeto riguroso de los calendarios sanitarios, al cumplimiento estricto de las cuarentenas y a la consulta oportuna con el profesional colegiado.
Hoy más que nunca, es necesario trabajar de forma coordinada. La participación conjunta de los entes sanitarios oficiales, los gremios médico-veterinarios, la academia, la industria y las organizaciones y fundaciones de protección animal es clave para fortalecer el control de las enfermedades.
Solo mediante el diseño conjunto de programas de control sanitario sólidos, que incluyan biológicos de excelente calidad, cumpliendo con las regulaciones locales, podremos garantizar no solo la salud de las especies, sino también el bienestar animal y, como consecuencia directa, la protección de la salud pública de nuestra sociedad.Porque prevenir sigue siendo nuestra herramienta más poderosa.
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