junio 18, 2024 7:59 AM

Algunos de los animales más venenosos del planeta

Muchos animales tienen que luchar para conseguir su alimento o defenderse contra sus enemigos. Para ello, algunos disponen de un arma temible: el veneno. Veamos a continuación cuáles son algunos de los animales más venenosos del planeta.

“Cuando las arañas se sienten amenazadas, lo primero que intentan hacer es huir”, explica el experto en arácnidos Jason Dunlop. Si esto no les resulta posible, algunas pasan al ataque. Levantan las patas delanteras y muestran los dientes. Es una señal de advertencia. Quieren decir: ¡No se acerquen, puedo morder! Y sólo si no tienen otra salida, pueden llegar a morder, algo que puede sentirse como un pequeño pinchazo.

“Muchas arañas son inofensivas para el ser humano“, dice Jason Dunlop. Los dientes de las arañas, explica, generalmente no son suficientemente fuertes como para perforar la piel humana. Además, es raro que se den cuenta de la presencia de personas porque no tienen muy buena vista. “Para muchas arañas no somos muy diferentes a un tronco”, dice el experto.

Pero existen algunas arañas que pueden ser realmente peligrosas. Las hay en selvas tropicales y desiertos de América, África y Australia. Sus colmillos están conectados a glándulas que contienen veneno paralizante, que afecta al sistema nervioso.

Los colmillos tienen pequeños orificios, por los que sale el veneno durante la mordedura. Al penetrar en el cuerpo de sus víctimas, las paraliza, de modo que no puede defenderse ni huir.

Entre las más venenosas se cuenta la araña errante brasileña, que puede medir hasta 17 centímetros y habita en las zonas tropicales de Centro y Sudamérica. A veces se oculta en los bananos. Otras famosas arañas venenosas son la viuda negra, que habita en México, y la araña reclusa o violinista, que se encuentra en Chile y Argentina.

Algunas picaduras pueden resultar mortales. Pero también para ellas mismas: las arañas no son inmunes a las mordeduras de otras arañas.

¡Tan pequeñas y tan venenosas!

Apenas miden unos centímetros, saltan con gran agilidad y lucen una piel de colores brillantes. Se trata de las bellas ranitas multicolores que pueblan las regiones selváticas de América del Sur y América Central. ¡Pero cuidado, no las toques! Su piel está recubierta de una fina capa de veneno.

Este veneno esparcido por su piel no es en realidad producido por las mismas ranas. Lo obtienen de su alimentación: de hormigas, termitas, cucarachas o escarabajos venenosos. A las ranas no las afectan esos venenos, pero les permite cubrirse de una eficaz arma defensiva.

¿Quién querría tragarse un bocado envenenado? Pero si se encuentran aisladas en un zoológico y se las alimenta con insectos no tóxicos, al tiempo dejan también de ser venenosas las ranas.

Habitan desde Nicaragua hasta Bolivia y el sur de Brasil y no miden más de unos cinco centímetros. A las ranas venenosas se las llama también ranas punta de flecha, porque algunos pueblos indígenas las utilizan para envenenar las flechas con que salen de cacería. Claro que tienen que tener cuidado de no envenenarse ellos mismos, aunque estas toxinas no son mortales para los seres humanos.

¿Sabías que…? Los venenos también pueden curar

¿Sabías que los venenos de los animales también pueden ser aprovechados por el hombre en medicina? Muchos animales utilizan su veneno para cazar las presas que les sirven de alimento o bien para defenderse de sus enemigos. Pero también es útil para curar algunas enfermedades.

Los venenos de los animales tienen una característica especial: actúan con gran precisión sólo sobre determinadas partes del cuerpo, sin afectar al resto del organismo. Esto se puede aprovechar aplicando por ejemplo algunas sustancias tóxicas de las ranas venenosas para eliminar hongos, bacterias o parásitos. También han sido utilizadas por pueblos indígenas como anestésico, para calmar dolores.

Deliciosos… pero peligrosos

Hay animales que no tienen aguijones ni colmillos venenosos. Que no muerden, ni escupen, ni pican. Y sin embargo son sumamente venenosos. Por las toxinas (venenos) que llevan en su piel, como las coloridas ranas sudamericanas, o bien en el interior de su cuerpo, como el pez globo, que es sin embargo uno de los manjares favoritos de los japoneses.

Estos animales son considerados venenosos pasivos. Ellos no tienen que adoptar una conducta agresiva para defenderse. Basta con que sus potenciales enemigos sepan que devorarlos puede resultar mortal, para que dejen de interesarles como alimento.

En el caso del pez globo, el veneno está depositado en la piel y en el hígado y otros órganos internos. Lo producen minúsculas bacterias. Una cantidad muy pequeña de su veneno alcanza para matar a un ser humano. Pero en Japón lo consideran uno de los platos más sabrosos.

Este pescado se come crudo, cortado en finas rodajas, después de separar con sumo cuidado la piel y los órganos internos. Dado el peligro que representa un error en su preparación, sólo se permite que lo sirvan cocineros especialmente entrenados.

Fuente: Chicos.laprensa.com

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