abril 14, 2024 5:16 PM

Tanto la actividad agrícola como la ganadera son fuentes difusas de contaminación, es decir que no es posible vincularlas con una ubicación plenamente identificable debido a que su posicionamiento resulta aleatorio. Pueden surgir de ellas tres tipos de perturbaciones que producirán impactos en el medio ambiente:

– Emisión de agentes contaminantes: introducción en el ambiente de cualquier agente ajeno a la constitución normal de un bien o recurso y que tiene la capacidad de alterar su capacidad o calidad de prestación. Ejemplo: aplicación de plaguicidas y fertilizantes, vuelco de aguas residuales sin tratamiento en cursos de agua.

– Consumo de recursos naturales: extracción de bienes o servicios del medio ambiente en cantidades que no permitan recuperar la tasa de renovación habitual. Ejemplo: utilización de agua dulce de acuíferos subterráneos.

– Transformación del espacio: dicotomía entre la ocupación original del lugar físico y el destino dado a partir de la intervención del hombre. Ejemplo: transformación de bosques naturales en áreas de cultivo, compactación de suelos.

Una vez instalados los sistemas productivos existen tres formas distintas de manejar la situación a fin de disminuir la brecha entre la situación inicial y la resultante de la actividad agropecuaria:

1. Mitigación: Reducción de los efectos asociados a un determinado impacto ambiental.

2. Remediación: Recomposición de la situación resultante, tratando de llevarla a un estado lo más asimilable posible al inicial, es decir, previo al desarrollo de la actividad.

3. Compensación: Aplicación de medidas alternativas como consecuencia de la imposibilidad de remediar la situación.

Cabe aclarar en este punto que siempre se debe comenzar por evitar la generación de impactos ambientales, es decir, se debe priorizar la disminución de los mismos en la propia fuente de contaminación. Una vez agotado este recurso, sí se debe pasar a la gestión de los impactos ambientales.

En el caso particular de la producción pecuaria, se toma como ejemplo los corrales de engorde de ganado (feedlot). En este caso, sin duda se trata de una fuente de contaminación difusa, que puede variar en sus dimensiones pero que siempre tendrá un impacto significativo en el ambiente. La intensificación de la actividad genera no sólo un mayor aprovechamiento en el espacio físico, sino también una concentración de los desechos generados. No es desconocido en este aspecto el descontento social generalizado para con esta actividad debido a la contaminación por olores. Sin embargo, no es este el único impacto de importancia. En el cuadro siguiente pueden apreciarse los diversos impactos de la actividad sobre el ambiente, como así también las opciones posibles en lo que respecta a una adecuada gestión.

Además de estas acciones enumeradas a modo ilustrativo pueden surgir nuevas actividades para la organización involucrada de las cuales se obtienen beneficios ambientales adicionales como así también un rédito en lo que respecta a términos económicos. Por solo nombrar algún caso, se tiene la generación de biogás a partir de los efluentes líquidos para la obtención de energía eléctrica o el uso de estos como fertilizantes. Por lo tanto, pueden aprovecharse recursos de los cuales ya se dispone y que, de otro modo, permanecen sin explotación.

Una vez implementadas las acciones de mitigación y remediación es necesario realizar un control y monitoreo para corroborar los resultados obtenidos. De otra manera, la inversión que conlleva la puesta en práctica de estas medidas, corre el riesgo de ser aprovechada en menores proporciones a las esperadas. Puede afirmarse entonces que la gestión ambiental de un feedlot se convierte en una actividad dinámica con necesidad de cambios y ajustes constantes. Es así posible lograr un mejoramiento paulatino de la situación y no encontrar desvíos marcados en el futuro, cuya remediación puede resultar altamente costosa y difícil de afrontar. No cabe duda de que se trata de un trabajo interdisciplinario en pos de mejorar la calidad de vida de la sociedad.

Es recomendable tener en cuenta la evaluación de impacto ambiental antes de comenzar con la construcción de los corrales. De esta manera, se puede hacer un diseño teniendo en cuenta pendientes naturales del terreno y otras condiciones preexistentes. Sin embargo, también es posible lograr un mejoramiento significativo al implementar las acciones correctivas y de mitigación una vez instalado el feedlot y estando éste en funcionamiento.

Para lograr un equilibrio entre la producción intensiva de engorde de ganado y las poblaciones vecinas es necesario desarrollar un programa de acciones preventivas y correctivas para la disminución de los eventuales impactos ambientales. Es necesario quebrar los mitos entorno a la instalación de feedlots y tomar conciencia de que se puede llevar a cabo éste proceso productivo sin generar un descontento generalizado en las comunidades.

El desafío de nuestra sociedad en este aspecto radica en gestionar los recursos naturales que están a disposición de forma adecuada en pos de preservar el equilibrio ecológico y, de esta manera, apostar por el desarrollo sustentable como forma de producción y conseguir así una optimización de los beneficios. Para ello, una de las tareas de mayor importancia es poder llegar a un acuerdo entre los intereses contrapuestos de los diferentes sectores involucrados. Sin embargo, es necesario contar con una legislación a nivel nacional y local que regule esta actividad en sus aspectos ambientales, como así también un programa de incentivos.

Fuente: Agritotal

Ing. Sofía Repetti para Agritotal.com

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