junio 30, 2026 9:25 PM

La educación sanitaria en la promoción, prevención y control de la salud animal.

El sistema nacional de salud animal está conformado por los servicios oficiales, gremios de productores, servicios veterinarios privados, instituciones de investigación y docencia, laboratorios de diagnóstico y de análisis de residuos, empresas de insumos pecuarios y sus laboratorios de control de calidad. La atención sanitaria veterinaria orienta sus acciones a construir un perfil de salud acorde con las exigencias de la seguridad alimentaria, la salud pública, el comercio internacional y el bienestar animal. Es fundamental para atender el incremento en la productividad pecuaria y responder a la demanda interna y externa de productos sanos e inocuos, permitiendo así vencer las barreras sanitarias del comercio global.

Ante un escenario mundial signado por la globalización y cambios en el papel del Estado, los Servicios de Sanidad Animal han ajustado su estructura. Los países han reaccionado priorizando el desarrollo local, la descentralización técnica, la automatización de servicios, el acceso a Internet y la actualización de bases legales. Asimismo, se ha fortalecido la articulación interinstitucional, la capacitación continua y la gestión de calidad para apuntalar convenios sanitarios de frontera. No obstante, el componente de educación sanitaria no ha sido debidamente atendido, careciendo de una programación continua. La importancia de la comunicación es reconocida por la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA), que destaca la necesidad de abordarla como parte integral de los Servicios Veterinarios. Esta atraviesa todos los espacios de la sociedad, permitiendo generar cambios que repercutan en la mejora de las condiciones de vida y en el concepto de «Una Sola Salud».

Dimensiones, Objetivos y Formación de la Educación Sanitaria

La educación sanitaria es una estrategia clave para la promoción de la salud animal, apoyando la prevención, control y erradicación de enfermedades zoonóticas. Se aplica también en el fomento ganadero y en prácticas eficientes de producción, conservación y comercialización. Esta debe verse en dos dimensiones: la interna (servicios oficiales y privados) y la externa (productores, comercializadores e industriales). Es un proceso de aprendizaje continuo que acompaña a los programas sanitarios nacionales. Por lo tanto, corresponde a los gobiernos fomentarlo junto a instituciones educativas y gremios profesionales, industriales y de transporte. Este aprendizaje brinda conocimientos y fomenta aptitudes para la toma de decisiones en bienestar animal, inocuidad alimentaria y el enfoque de «Una Sola Salud» (humana, animal y ambiental).

El propósito es coadyuvar en:

  • La actualización de los profesionales del área.
  • Fomentar la participación activa en las políticas de salud pública.
  • El uso adecuado de los servicios y el autocuidado en las fincas.
  • El desarrollo y crecimiento de las industrias ligadas a la pecuaria.

Para lograrlo, las instituciones oficiales demandan personal capacitado mediante formación continua (talleres, especializaciones y maestrías) y la transferencia de experiencias generacionales. Estos conocimientos deben proyectarse también a los profesionales del sector privado. Cada programa sanitario requiere de un componente educativo cuya implementación sea eficiente en conjunto con gremios, universidades y medios de comunicación. En el sector privado, esta acción educativa permite optimizar recursos y lograr mayor eficiencia en sus propósitos comunes con el sector oficial.

Implementación Técnica y Participación Social

Para cumplir estos objetivos, se deben definir actividades que orienten el componente programático de cada programa, permitiendo su evaluación. Esto variará según se trate de prácticas de manejo, bioseguridad, vigilancia epidemiológica, bienestar animal o cumplimiento de controles de tránsito y requisitos de comercio internacional. La educación sanitaria es una herramienta vital para alcanzar metas tanto en el estado como en la empresa privada. Estas acciones de información y sensibilización brindan elementos para evaluar riesgos y aumentar la comprensión de los temas sanitarios cotidianos, generando un compromiso permanente de los actores con las acciones de salud animal que les atañen.

Finalmente, la participación social en la instrumentación de los programas es de gran importancia; alimenta una doble vía donde el servicio oficial aporta el conocimiento científico y la comunidad ganadera aporta el conocimiento práctico sobre el cómo y cuándo hacer. La evaluación participativa de los programas, abierta a todos los actores del sector (productores, industriales, profesionales del agro y de la enseñanza), es un instrumento de gran utilidad. Las discusiones de los resultados, las formas de operar y las argumentaciones sobre la justificación de las tácticas establecidas en el programa… «enseñan hasta el gato».

Julián Castro Marrero.  (10/01/2026)

Castromarrero45@gmail.com    

KP/AVISA PRENSA

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